Loló, más que un nombre, más que una actriz... Un símbolo
TEATRO CALLEJERO
La mujer que agoniza en una cama de hospital, se lleva mucho más que su físico, no es desde luego uno de esas jóvenes, solares víctimas que los dioses reclaman.
Tiene dentro de sí, mucho de todos los que tuvimos la fortuna de convivir con ella.
María Dolores Navarro Ronquillo, es ella, es todo, es mujer, es veracruzana y ya.
Es esa copa que se bebe y se bebe, pero nunca se agota aunque apenas se pruebe.
En lo personal, su amistad me fue heredada por mi hermano mayor Miguel Ángel, once años mayor, el cual era parte del elenco de Los Cuervos Están de Luto", que se presentaba en el auditorio Camporredondo del entonces Ilustre Instituto veracruzano, fui a varios ensayos y enseguida fui etiquetada como uno más de ellos.
Esa fue una incomparable ventura
Desde luego era muy joven, pero con la madurez para dimensionar lo que ocurría, en Veracruz.
Juan Vicente Melo, se reintegraba a Veracruz y dirigía con gran éxito el museo de la ciudad, desde luego que el inquieto Juan Vicente no se suscribía a eso.
Estaba revolucionando Veracruz culturalmente.
Le dedicaba una semana al teatro y todos los días de esa semana Veracruz hervía de ebullición ante obras de teatro presentadas en todos los foros, desde el entonces teatro F elipe Carrillo Puerto, el teatro TAMSA, el Estibadores, vaya, hasta el baluarte de Santiago.
No quiero omitir, por eso evito nombrar, pero muchos de los que aun seguimos juntos en la aventura cultural, ahí estábamos de una u otra manera, cada foro estaba repleto de espectadores.
Loló estaba al lado de Juan Vicente en el museo, juntos fueron una fórmula energetica, a la que el gobierno apoyó y los veracruzanos seguimos sin cortapisas.
Sin menoscabo de la labor institucional muy reconocida de mi amiga la doctora Ida Rodríguez Prampolini, a quien también le debemos mucho y buenos los artistas veracruzanos. Antes de su llegada, el binomio Loló-Juan Vicente, era el único referente de promoción cultural.
Digamos, que de alguna manera fue la obra negra que la creación del Instituto Veracruzano de Cultura y el profesionalismo y sensibilidad de la doctora Ida supieron rescatar, promover y promocionar.
Cada año la Pasión de Cristo era el referente obligado de la puesta en escena de Loló en el puerto, como sin duda el día de muertos le pertenece al artista plástico Milburgo Treviño y sus tradicionales catrinas.
La certidumbre de la muerte, no evita el dolor.
Ojalá tengamos más tiempo a Loló con nosotros, ojalá el suficiente para agradecerle lo que hizo más que como actriz, como promotora cultral de Veracruz.
Si Loló muere muchos nos sentiremos en orfandad completa.



